“Hoy es el mañana que tanto te procupaba ayer. ¿Valió la pena?” Gandhi, vía @mabellama
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“Hoy es el mañana que tanto te procupaba ayer. ¿Valió la pena?” Gandhi, vía @mabellama
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En todas las casas de campo de pueblo que se precien hay siempre una bañera en el jardín. En la mía también.
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Ayer mismo apareció una nueva noticia referida a los recortes que está llevando a cabo la Generalitat en su plan de “ajuste” ante la crisis, en este caso en lo que se refiere al “copago” sanitiario. Lo qué más me llama la atención de este tema es la hipocresía con la que se habla de él y cómo se oculta su verdadero significado.
¿Qué signfica realmente el “copago”? En pocas palabras: significa que los que menos tienen paguen una proporción mayor del gasto sanitario con respecto a los que más tienen. Es decir un nuevo paso hacia un sistema más regresivo en la financianción de los gastos públicos.
Actualmente la sanidad se financia con los impuestos. Si asumimos (que ya sé que es mucho asumir) que el sistema fiscal español es progresivo (tal y como marca la constitución en su artículo 31.1), eso significa que los que más tienen son los que más aportan vía impuestos. Por tanto los que más tienen financian en mayor medida la sanidad pública. Eso me parece justo.
Al introducir el “copago” lo que ocurre es que además de la vía fiscal se añade una vía directa de financiación. Es decir, que una parte de la sanidad la pago con los impuestos y otra parte la pago cuando yo mismo “consumo”. Es decir, que cuando voy a hacerme una radiografía, un porcentaje alto de esa radiografía está financiado por los impuestos pero yo tengo que pagar además 5 euros, o 10 o los que sean de forma directa.
Aquellos a favor de este sistema aducen que esto incorpora un elemento de racionalización en el gasto sanitario, puesto que yo me lo pensaré dos veces antes de pedir radiografías todos los días, puesto que cada una me cuesta un dinero, aunque sea poco. Me permito dudar de este argumento. No niego que haya casos puntuales de personas que hacen un gasto mayor del razonable, pero no he visto últimamente colas interminables de ciudadanos ante los hospitales para realizarse purebas que no necesitan. Más bien al contrario: la mayoría solo nos acercamos por el médico cuando no tenemos más remedio y huímos rápidamente en cuanto nos arreglan el desperfecto.
Pero lo más grave del asunto es aquello que los defensores del sistema no dicen. Lo grave es que este sistema implica exprimir un poco más a los más humildes. Un gasto de 10 euros sobre una renta de 900 euros supone más esfuerzo (aunque sea poco) que un gasto de 10 euros sobre una renta de 5.000 euros. Esto es lo que significa la regresividad: exprimir más al más débil. Algunos dirán que siendo esto cierto en teoría, en la práctica este esfuerzo es mínimo e inapreciable. Pero así como un garbanzo no hace cocido, sí que ayuda al compañero, y es francamente fascinante ver como la inmensa mayoría de las medidas de ajuste que se están tomando tienen costes que recaen especialmente en aquellos que menos tienen, en los más débiles, en los más humildes: en aquellos que tienen menos poder para protestar.
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“La filosofía de mi vida ha sido siempre que las dificultades se esfuman cuando se les hace frente con valentía”. Isaac Asimov, vía @sandopen
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Me ha encantado este tweet de @fundeu sobre el “queísmo” y el “dequeísmo“. El “dequeísmo” es un error gramatical por el que se usa la preposición “de” cuando no se debe, como por ejemplo en “Me sorprendió de que viniera”. Este error se hizo muy visible hace unos años, sobre todo debido a determinada telebasura en la que salían personajes con poca cultura y formación, que lo cometían a menudo. Como se trata de un error “de clase baja”, enseguida la mayoría de la gente (incluyendo algunos medios) se pasó al lado contrario: no se usaba el “de” delante de un verbo ni de coña, no fuera ser que uno quedara como un gañan. Por supuesto, los que más destacan como entusiastas del genocidio del “de” son los políticos, siempre preocupados por machacar el idioma con sus “vascos y vascas” y sus “miembros y miembras”. En cualquier caso es interesante recordar que es igual de incorrecta una cosa como la otra.
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Creo que lo que ha pasado en las elecciones del pasado domingo ha sido lo mejor que podía pasar en España. Los votantes de izquierda y los de derechas deberían estar contentos. En el caso de los de derechas el motivo es obvio, el PP ha arrasado y no solo por la debacle del PSOE: ha conseguido medio millón de votos más que en en las pasadas locales, lo cual no es moco de pavo.
En cuanto a los votantes de izquierdas, incluyendo en estos a los que votan PSOE (obsérvese la ironía), la cosa es menos obvia pero igualmente positiva para ellos. Cuando un gobierno mete la pata a cada paso que da, gestiona la crisis con la mezcla de ingenuidad e ineptitud con la que el gobierno lo ha hecho y traiciona su programa y sus principios cacareados ampliamente antes de la crisis, lo mejor que puede pasar es que sus votantes le castiguen duramente. Las reconversiones, reflexiones e incluso refundaciones no llegan solas, normalmente han de ir precedidas de una crisis profunda.
Respecto a Bildu, ha ocurrido algo parecido a lo que pasó con ERC en su primera gran comparecencia en Cataluña. El PP le hizo la campaña gratis demonizándolo y arrasó. Hay que recordar además que Bildu no es Sortu ni Batasuna. Una buena parte de sus candidatos y estructura procede de Eusko Alkartasuna y escisiones de Ezker Batua, partidos impecablemente democráticos. Una cosa es que sean independentistas y otra cosa es que formen parte de ETA, no es lo mismo. Lo primero está demostrado, lo segundo no. Lo único que está demostrado es que tanto en el Tribunal Supremo como en el Constitucional, los jueces votan en función de la mano que les da de comer y no en función de criterios jurídicos. De momento el portavoz de Bildu ha dicho que sus resultados suponen “la retirada definitiva de ETA“, no parece mal camino. Veremos.
En cuanto a la conocida como #spanishrevolution hay todo tipo de teorías sobre su posible influencia en los resultados. Para mi lo más interesante es ver qué camino tomará el movimiento en el futuro. Nadie lo sabe con seguridad pero en función de lo que se está viendo creo que hay dos escenarios posibles:
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La mayoría de las personas que están encabezando las protestas que comenzaron el 15-M son jóvenes, pero tienen a muchos ciudadanos detrás, de toda edad y condición. Exponen una amalgama de reivindicaciones a veces dispersas. Algunas muy sólidas, otras parecen un poco cogidas por los pelos. Pero lo que más emociona de estar allí, en Sol, en el centro de esta protesta, es ver como POR FIN la gente se ha decidido a decir lo que piensa, a protestar contra lo que no le gusta y a hacer política de verdad, ya que los partidos dejaron hace mucho de hacerla.
Lo principal en la génesis de la protesta creo que es el hartazgo ante la baja calidad de nuestra democracia. Los políticos insisten en alabar el sistema actual igual que un vendedor canta las alabanzas de una aspiradora: palabras vacías. Nuestra democracia es cada vez menos representativa y la gente se está hartando. Por una parte las decisiones cada vez se toman más lejos de los ciudadanos, en ocasiones en organismos pseudo representativos como la Comisión Europea, Banco Mundial, FMI, etc… y en otras ocasiones en ámbitos totalmente opacos, como eso que llaman “los mercados”, dominados por el interés de los más poderosos.
Cuando se desciende al ámbito de los gobiernos nacionales o locales la situación no es mejor. Los partidos han convertido el voto en un cheque en blanco por el que se sienten legitimados para hacer lo que quieran durante 4 años, acordándose de hacerse la foto con los niños o en el carril bici solo cuando llegan las elecciones. En ese contexto parece que da igual votar a unos o a otros, porque la gente tiene claro que luego el gobierno de turno hará lo que le plazca. Los políticos insisten que para cambiar las cosas el voto es el instrumento a disposición del ciudadano, pero ¿a quien votar cuando nadie está a la altura? Esta viñeta de El Roto habría que repartirla en los colegios electorales.
Relacionado con lo anterior está el fenómeno de la corrupción. Si bien es inevitable que exista gente corrupta en todos los ámbitos, de lo que la gente se ha hartado es de que las conductas corruptas no se castiguen, de que haya personas sobre las que recaen sospechas fundadas de corrupción que no sean apeadas inmediatamente de sus cargos públicos por los partidos. Hartos de listas cerradas que te obligan a “tragartelos” si, por lo que sea, quieres votar al partido en el que están integrados. La pertenencia a los partidos se ha convertido en un camino para forrarse y para medrar, y los cargos públicos se agarran a sus sillones como lapas. ¿Cómo va a mejorar el país si los que lo administran están más preocupados de su bolsillo que del bolsillo del contribuyente? ¿Cómo vamos a tener administradores justos y eficaces, si cuando se pilla a un corrupto no pasa nada?
El paro, el mileurismo…. también son aspectos que han sacado a mucha a gente a la calle. Cinco millones de parados es una tragedia. Pero la gente no protesta contra el paro sin más. La gente protesta contra una cláse política que es incapaz de preocuparse por el paro, incapaz de llegar a acuerdos entre partidos para tomar medidas reales que hagan que el país avance y salga de la crisis. Hasta las narices de políticos que solo se miran las mismísimas, ocupados por ver quien dice la frase más ocurrente en el mitin, y por ver quien le mete más caña al contrario. La gente huye de todo lo que huela a campaña electoral porque son una versión cutre de las peleas de patio de colegio. Gracias a dios, esta semana la campaña ha sido totalmente eclipsada por la política que se ha hecho en las plazas, no en los escenarios.
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