política

La Estrella de la Muerte y la crisis de la democracia

Estrella de la Muerte (baja)En los últimos días leímos la noticia de que en Estados Unidos un grupo de ciudadanos había registrado una iniciativa popular para instar al gobierno a construir la Estrella de la Muerte. El promotor argumentaba los beneficios que su construcción tendría en términos de desarrollo industrial y creación de empleo. Por ley, la Casa Blanca debe contestar a todas aquellas iniciativas que superan las 25.000 adhesiones (aunque recientemente se ha incrementado este mínimo):  la iniciativa logró superar esa barrera y el gobierno respondió con bastante sentido del humor rechazando la propuesta puesto que “la Casa Blanca no apoya la destrucción planetaria”.

A partir de este episodio bastante divertido se puede comprender fácilmente la diferencia en la calidad de la democracia estadounidense, la española, y el incipiente sistema representativo atribuible a las instituciones europeas. Para hacerlo basta con seguir estos sencillos pasos.

Paso 1: Compruébese la facilidad para registrar una iniciativa ciudadana en Estados Unidos en el portal “We, the people“.

Paso 2: Compruébese la dificultad de hacerlo en el portal de la Comisión Europea. Solo la url ya da miedo: http://ec.europa.eu/citizens-initiative/public/welcome?lg=es. ¿Alguien sabía que existía esta posibilidad? ¿Han probado a encontrar la página para registrar las iniciativas partiendo desde la “home” del portal donde está alojada? ¿Alguien recuerda alguna campaña de publicidad institucional pagada con fondos públicos que nos informe de esta posibilidad?

Paso 3: Compruébese el enrevesadísimo procedimiento necesario para presentar una Iniciativa Legislativa Popular en España. Lo primero que hay que hacer (como no!) es constituir una comisión. Una vez constituida hay que presentar en la Mesa del Congreso de los Diputados un “texto articulado de la proposición de Ley precedido de una exposición de motivos”. Si la mesa lo rechaza siempre se puede recurrir ante el Tribunal Constitucional, algo fácil y práctico. Por supuesto hay algunas materias sobre las que no se pueden proponer iniciativas, son demasiado importantes para dejar que los ciudadanos opinen sobre ellas: las materias que son propias y exclusivas de las leyes Orgánicas, las de naturaleza tributaria, las de carácter internacional, las referentes a la prerrogativa de gracias (no vaya a ser que el gobierno no pueda indultar a quien le de la gana) y las mencionadas en los artículos 131 y 134.1 de la Constitución. Si la iniciativa cumple los requisitos necesarios y la mesa la aprueba, se puede comenzar con la recogida de firmas. Fácil, ¿no? A lo mejor por eso solo ha habido 66 propuestas en 30 años.

¿Quizás un planteamiento demasiado simplista para entender la creciente desafección de los ciudadanos por la política, los políticos y las instituciones democráticas? Quizás. Pero a veces las cosas más sencillas son las más importantes.

Aquí una de las comisiones españolas en acción: